martes, 20 de mayo de 2014

Capítulo 4.

-¿Nombres?
-Noa Christensen y Claire Weasley.

 Me he quedado paralizada, sin poder articular palabra y Noa ha que tenido que decir los nombres por las dos. Matt echa un vistazo a la lista, comprobando que efectivamente nuestros nombres están  allí apuntados. Después con el bolígrafo hace una especie de cruz al lado de cada uno. Así podría llevar más fácil el recuentro de los que habían asistido finalmente a la fiesta. Me imagino que Mike le había pedido el favor de que se encargase de vigilar las entradas.  En ese momento Matt me mira, yo también lo miro. Por primera vez en mucho tiempo Matt y yo estamos a escasos centímetros y me está correspondiendo visualmente. A continuación mira a Noa. Eso me hace entender que su mirada hacia mí no ha significado nada, solo nos ha mirado a cada una como un portero de discoteca antes de dejar pasar a alguien. Me ha mirado como una persona más en el mundo, como de pasada para después mirar a otro.
 -Adelante, podéis pasar - concluye. Y seguidamente mira a los siguientes, sin volverme a mirar una vez más, sin prestarme la menor atención nuevamente. Suspiro para mis adentros y empiezo a barajar la idea de que quizá lo mejor hubiese sido no haber venido.
  Mis piernas aún me tiemblan cuando llegamos dentro. La música está alta, pero no me desagrada. La sala está llena de conocidos y Noa y yo nos dedicamos a repartir besos a todo el mundo.

 -Claireeeeeeeeeeeeeee - grita alguien detrás de mí que se abalanza dándome un fuerte abrazo- ¿qué tal el verano? ¿cómo te fueron las notas? te he echado de menos...
 Me gustaría mucho poder corresponder a la persona que se encuentra tras esa voz femenina que se me hace tan familiar. Sin embargo aún no sé  si se trata de mi buena amiga Stephany. La aparto cuidadosamente y me giro para mirarla, ¡es ella!

-¡Stephany! , hace tiempo que no sé nada de ti - la miro contentísima y la vuelvo a dar un abrazo rápido y alegre - ¡mi verano de momento va de maravilla y las notas genial!, espero que después tengamos un rato para hablar tranquilamente o quizá podemos quedar un día de estos para tomar algo o ir a dar una vuelta si te apetece- digo realmente alegre de verla después de tanto tiempo.
 Stephany y yo siempre nos hemos llevado de maravilla y hemos sido compañeras de pupitre durante muchos años en preescolar. Me da mucha pena pero Noa  y ella han tenido más de un problema en el último año y no quiero que Noa se sienta incómoda, por eso quiero zanjar la conversación y verla en otro momento, no me gusta que mi mejor amiga esté viviendo una situación desagradable al estar a mi lado esperando a que termine de hablar con Stephany. No fue realmente nada grave: enfados, discusiones... cosas que suelen pasar entre chicas, pero aún así no se habían  vuelto a hablar.
 -De acuerdo, te llamaré Claire, me alegro de verte- Stephany mira a Noa y comprende perfectamente que no es el momento adecuado para ponerse a cotillear sobre el verano.

Noa y yo nos dirigimos hacia la pista principal, donde la gente está bailando sin parar. En el camino nos encontramos a varios amigos y charlamos en la medida en la que nuestra voz nos permite respecto al volumen de música que hay. La gente de mi instituto en general es encantadora, todos ellos, aunque a unos los conozca menos que a otros son personas que realmente merecen la pena. Todo el mundo se lleva bien aparentemente, hablan y bailan unos con otros sin importar cuánto se conocen. Bueno, quizá no debería generalizar, esto no es del todo así. Hay ciertas personas que no son tan fáciles de tratar...
  Inmediatamente pongo  la vista en Giselle y sus amigas, las amigas de Matt. JUnto a ellas veo a Carl, a Jhon y a Eric, todos sentados en los sofás de la entrada, algo alejados de la pista pero lo suficiente para poderlos observar. Yo me fijo especialmente en ella: Giselle, la líder del grupo, la novia de Matt. Ella siempre ha sido realmente guapa y tengo que admitir que hoy está radiante. Se me hace un nudo en la garganta cuando la veo al lado de Matt y me giro para otro lado. Noa y yo empezamos a bailar, perdiéndonos en toda aquella masa de gente que se movía sin parar. Sin darme cuenta me encuentro al lado de Mike, que me saluda con una sonrisa y me dice algo que no oigo muy bien aunque parece ser algo como ''bienvenida''.

 Noa y yo seguimos bailando.  Ella se acerca a mi oído para decirme algo:
 -Acabo de ver a Tom, iré ha hablar con él. ¿Te importa?
-¡Claro que no! - digo aliviada deseando salir yo también un poco de todo ese mogollón.
  Tom siempre ha sido el chico de los sueños de Noa, de hecho tuvieron un pequeño romance el verano pasado. Nada que él no haya olvidado, sin embargo en ella ha quedado grabado a fuego.

 En cuanto esquivo a unos y empujo a otros logro salir  con agilidad. Me voy disparada a donde se sirven las bebidas y cuando ya logro servirme la mía me voy a sentar a los sofás de la entrada, los que están cerca de la puerta de salida, en los que ya no hay nadie porque todo el mundo está bailando. Sí, en los que hace una hora estaban Matt y Giselle. ¿He dicho que ya no había nadie? Pues no era cierto, de pronto veo a Matt venir  de lejos, viene de la pista por el ancho pasillo que lleva a la puerta principal, el mismo camino que yo acabo de hacer. Matt se está acercando. Decido dejar mi vaso encima de una mesita que hay junto al sofá por miedo a que con el vaivén de mi muñeca causado por el nerviosismo se me caiga al suelo. Ahora Matt está más cerca y puedo observar que lleva un cigarro en la mano, por lo que deduzco que solo va a salir a fumar. Para salir tiene que pasar cerca de mí, sin embargo no me ve. Yo estoy sentada, diminuta, mirándolo y me siento por un momento invisible. La luz tampoco ayuda mucho a ver con claridad, a no ser que tengas algo de obsesión por alguien como es mi caso con Matt. Él está a punto de abrir la puerta y cruzarla, yo un metro de él sigo sentada, sin dejar de observarlo. Todo sucede muy rápido: se para en seco en el marco de la puerta, se mete el cigarro apagado en la boca y dejando sus manos libres se toca los bolsillos del pantalón buscando algo. ¿Qué busca? Al no hallar nada se gira, y entonces parece que el destino está de mi lado esa noche, me ve.  Él se acerca a mi, por primera vez en la historia de mi vida Matt va a dirigirse a mí.
 -Perdona, ¿tienes fuego?
  Después de luchar contra la oscuridad, un suave foco de luz que entra por un ventanal vence la batalla y descubro su sonrisa. Me está sonriendo. Y aunque a mí misma no pueda verme, por dentro puedo sentirme, y me siento frágil, siento que me voy a romper, pero sin embargo, también me siento más grande que antes, mucho más, hasta el punto de que Matt me está mirando. Sé que los ojos me brillan y con tanta fuerza que hasta con poca luz cualquiera podría percibirlo. Intento disimular, camuflarme en la seriedad para que nadie descubra la ilusión que se escapa de mi mirada y simplemente la dirijo hacia otro lado, hacia abajo.
  -Yo, bueno... la verdad es que  no fumo - digo algo seca.
  -Gracias-. Y entonces se gira, se va, se marcha. Ya no quedan sonrisas y además se está alejando de la luz.

Rápidamente se me vienen a la cabeza las palabras que Mery, una buena amiga de clase me dijo el último día de instituto a la hora del recreo: "Todo empieza con una mirada, y después una conversación y a partir de ahí cualquier cosa podría pasar". Nosotros ya nos hemos mirado, ahora solo necesitamos hablar, y esto que ha pasado no puede llamarse conversación.
 -Ahora o nunca Claire - susurro para mí misma.

Y entonces grito un poco:
-¡Oye! había olvidado que es posible que tenga un mechero en el bolso.
Me levanto del sofá, inmóvil, con la respiración algo más acelerada de lo habitual, esperando una respuesta, otra sonrisa u otra mirada. Pero él ya no se gira, quizá está demasiado lejos para escucharme. Tal vez mi oportunidad había pasado. Y como si hubiese perdido la última de las batallas me vuelvo a sentar. Miro mi vaso, ni si quiera mis hielos han conseguido resistirse a su presencia, se han derretido completamente.

-¿Y como alguien que no fuma puede tener un mechero en el bolso? - a voz en grito, unos metros alejado de mí, Matt se ha girado. Su voz fuerte, grave y sexi me perturba. Lo miro y se me escapa una sonrisa. Sonrío porque me ha contestado aunque varios segundos después Y también sonrío porque estamos hablando a gritos y eso le da una pizca humor a todo este sin sentido.Pero claro, nadie puede oírnos, la gente no está demasiado cerca y la música no se lo permitiría.
-¡He dicho que es posible, no que lo tenga! - digo bajando el tono de voz porque él se ha acercado. Hago como que miro el bolso en busca de algo que nunca podría encontrar.

¡Qué estupidez! Matt tiene razón, cómo iba a tener un mechero en el bolso alguien que no fuma... no es posible. Me empiezo a poner más nerviosa aún y no se muy bien que decir. Así que él es el que toma la palabra

-¿Por qué estás sola? ¿no te gusta la fiesta? - pregunta ignorando todo lo del mechero, mucho más cerca de mí.
- Sí, es solo que... Bueno, tú también estás solo ¿a ti no te gusta la fiesta?
-No, no me gusta demasiado. Aún así no has contestado a mi pregunta, ¿por qué estas sola?
-No es que quiera estar sola, pero es que mi mejor amiga ha visto a su.... - hago una pausa. No me apetece nada contarle toda la historia de Noa y decirle que estaba algo mareada con tanta música y el calor que hace ahí dentro.
-Pues entonces sal conmigo.
-¿Qué?
-Que salgas fuera conmigo si no quieres estar sola.
- Ah, claro.
  Por un momento la frase "SAL CONMIGO" me había  descolocado por completo, durante algunos segundos he tratado de buscarle  un doble sentido que por supuesto no existía.

Finalmente, me encuentro con él en la calle. Matt consiguió que un hombre le diera fuego y ahora permanece muy quieto,  apoyado sobre una barandilla con su mirada  algo perdida en la carretera. Da algunas caladas al cigarrillo y no dice nada. El viento me descoloca un poco el pelo, pero me da igual, yo también me apoyo y miro la carretera. De vez en cuando desvío la mirada hacia él. Ninguno de los dos dice nada, sin embargo para mí ese momento es único, irrevocable, irrepetible y tan soñado que no tendría porque estropearlo con palabras. Al fin y al cabo ¿qué éramos y qué hacíamos allí? él solo estaba fumándose un cigarrillo con una desconocida. Y yo solo estaba tomando el aire con el amor de mi vida.

De repente, noto que ahora es su mirada la que está clavada en mí, yo evito mirarlo, sigo con la mirada recta, hacia el frente. Siento que el aire se ha parado y ya no hay coches a los que mirar. Parece como si el mundo se hubiese parado para nosotros. Ahora somos grandes, somos enormes, únicos. Dentro de mí percibo serenidad y a la vez un cosquilleo que no cesa. Giro la cabeza y echándole valor, le respondo con mi mirada, completamente penetrante, respirando intensamente un aire impregnado de magia.

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