No estoy convencida de que esto esté ocurriendo. Lo único que puedo afirmar ahora mismo es que estoy perdida en el color verde esperanza de los ojos de Matt. Mi cuerpo, cual cubito de hielo, no responde. No se mueve, no lo siento conmigo desde el momento en el que nuestras miradas han decidido tocarse. Creo que jamás había sentido tanta compenetración con una persona solo con mirarla a los ojos, siento que puedo ver mucho más de Matt que dos lunas de color verde intenso en mitad de esa noche. Detrás de esa mirada y de ese pose de chico duro, su humanidad puede sentirse por todas partes. Y yo, iluminada por la mirada de Matt, mesiento cada vez más deseosa de conocerlo, de saber todo lo que una persona pueda saber de otra, de explorar su interior más de lo que mi intuición me permite. Ahora mismo sé que todos estos años pensando que lo sabía todo sobre él he estado equivocada. No tenía ni idea hasta hoy, que desde el instante que me ha mirado directamente a los ojos, he podido descubrir una pequeña porción de su mundo. Ese instante que ha parecido ser infinito decido romperlo mirando hacia abajo. Vuelvo a levantar la cabeza cuando oigo a Matt reírse, leve, suave, silenciosamente.
Como si alguien pinchase con una aguja la pompa mágica de mi mundo y todo se desplomase. Él riéndose y yo sin poder mover una sola parte de mi cuerpo. ¿Qué es lo qué le hará gracia? ¿qué será tan gracioso para desmoronar el mundo que se había formado en mi cabeza?
-¿Te hago gracia? - le pregunto disgustada intentando evitar mi nerviosismo.
-En absoluto. Es que me has apartado la vista, pareces nerviosa.
- Ni siquiera me había dado cuenta de que me estabas mirando así que no sé cómo podría haber apartado la mirada - contesto sabiendo que es el mayor disparate que he dicho jamás.
-¿Cómo te llamas?
-¿Perdón? - De pronto he olvidado que para él sigo siendo una desconocida con la que solo lleva algunos minutos en la calle.
-Que como te llamas.
-Claire.
Si el supiese que yo me sé no solo su nombre sino, sus apellidos, su color favorito, sus últimas calificaciones en el instituto, su vida sentimental y hasta su marca de moto.
-¿No me preguntas como me llamo yo ? - pregunta él, sonriendo.
-Ehm... sí, perdona. ¿Cómo te llamas tú? -intento parecer interesada.
-Matt, encantado-. Matt me da la mano, para parecer serio, pero se le escapa una risilla, divertido.
-Como si no lo supiera queridísimo amor...- digo en mi mente-. Lo mismo digo- añado finalmente en voz alta.
-¿Y qué hacías ahí sola? ¿no tienes pareja o qué?
- Bueno yo he venido con una amiga, pero de todas maneras si te refieres a que si tengo novio, no lo tengo- hago una pausa para preguntarle que por qué él no está ahora mismo con su novia. Pero no debo mostrarme como su loca admiradora secreta que lo sabe todo sobre él, por eso me limito a preguntar - ¿Y tú?
-No, he venido solo. -Tira el cigarrillo ya consumido al suelo y me vuelve a mirar - de todas maneras no me suena haberte visto por el instituto...
¿Qué ha venido solo? ¿Cómo? pero si Giselle está ahí dentro... ¿Qué está pasando?
Espera... una cosa es que no se sepa mi nombre, y otra muy distinta que encima diga que no me ha visto por el instituto... porque coincidimos en la clase de literatura y en la de francés.
- A mí en cambio si me suenas, - intento ignorar lo que ha dicho sobre que ha venido solo a la fiesta - creo incluso que coincidimos en la clase de literatura y en la de francés.
-Creo que ya se quien eres, es que hoy así vestida no te había reconocido. Sí, creo que ya sé quién eres.
Wow, gracias. Bajo la cabeza y miro el reloj. ¡La una! mamá vendrá en quince minutos, debo hacer algo para que esto termine mejor, sé que es imposible pero quiero intentarlo.
-¿Y como es eso de que no tienes novia? - Nos acabamos de conocer y no quiero conocer demasiado curiosa, así que añado - bueno, tal vez no quieras hablar del tema.
- No he dicho que no tenga novia, he dicho que en esta fiesta estoy solo, pero de todas formas, no, no tengo novia, y no me importa hablar del tema, es solo que lo dejamos hace un par de semanas.
¿Quéééeéé?. ¿Lo han dejado y yo, su admiradora número uno no me he enterado?
-Vaya, lo siento -. Soy egoista, pero en el fondo no lo siento.
-No te preocupes.¿Y tú qué? ¿estás enamorada?.
-Pues... -una voz gritando me interrumpe.
-¡Claire! -grita Noa acercándose a mí con pasos acelerados. De pronto, se da cuenta de quién está a mi lado y para en seco- perdón, ya me voy...
-No, déjalo, si ya es la hora de irse Noa - miro a Matt, no se muy bien como decirle adiós, maneras se me ocurren varias, pero me limito a sonreír- Adiós Matt.
-Claire-. Asiente Matt dulcemente.
Noa y yo nos alejamos de allí y ella empieza a contarme lo que ha sucedido desde que nos separamos en la fiesta. Me dice algo de un beso, y de que nosequién es guapísimo. Pero no puedo seguir el hilo, mi cabeza no me deja pensar con claridad en cosas que no sean lo que ha sucedido hace escasos minutos. Finalmente consigo escuchar a Noa cuando me pregunta:
-¿Qué opinas, Claire?
-Yo... me alegro mucho por ti.
-¿Qué habéis hecho tú y Matt? ¡Es increíble que estuvieseis juntos! Es la primera vez en tu vida que estás tan cerca de él, ¿no? ¿cómo te sientes?
-Bueno, yo no... Ósea que yo... Bueno, la verdad no lo sé. Ha sido todo un poco... raro.
-¿Por qué dices eso Claire? ¿qué te pasa? ¿estás bien, no? ¿qué ha pasado?
No estaba prestando demasiada atención a sus palabras ni tampoco a sus preguntas, sin embargo, tenía ganas de decir algo que llevaba un rato rondando por mi cabeza. Una frase fugitiva de mi pensamiento se escapa en alto:
- Y va él, justo él y me pregunta que si estoy enamorada.
-¿Quéeeeee? ¿eso es lo que te ha preguntado? ¿pero a santo de qué? ¿y qué le has contestado? ¡Claire!
El coche de mi madre para enfrente para a nuestro lado.
sábado, 31 de mayo de 2014
martes, 20 de mayo de 2014
Capítulo 4.
-¿Nombres?
-Noa Christensen y Claire Weasley.
Me he quedado paralizada, sin poder articular palabra y Noa ha que tenido que decir los nombres por las dos. Matt echa un vistazo a la lista, comprobando que efectivamente nuestros nombres están allí apuntados. Después con el bolígrafo hace una especie de cruz al lado de cada uno. Así podría llevar más fácil el recuentro de los que habían asistido finalmente a la fiesta. Me imagino que Mike le había pedido el favor de que se encargase de vigilar las entradas. En ese momento Matt me mira, yo también lo miro. Por primera vez en mucho tiempo Matt y yo estamos a escasos centímetros y me está correspondiendo visualmente. A continuación mira a Noa. Eso me hace entender que su mirada hacia mí no ha significado nada, solo nos ha mirado a cada una como un portero de discoteca antes de dejar pasar a alguien. Me ha mirado como una persona más en el mundo, como de pasada para después mirar a otro.
-Adelante, podéis pasar - concluye. Y seguidamente mira a los siguientes, sin volverme a mirar una vez más, sin prestarme la menor atención nuevamente. Suspiro para mis adentros y empiezo a barajar la idea de que quizá lo mejor hubiese sido no haber venido.
Mis piernas aún me tiemblan cuando llegamos dentro. La música está alta, pero no me desagrada. La sala está llena de conocidos y Noa y yo nos dedicamos a repartir besos a todo el mundo.
-Claireeeeeeeeeeeeeee - grita alguien detrás de mí que se abalanza dándome un fuerte abrazo- ¿qué tal el verano? ¿cómo te fueron las notas? te he echado de menos...
Me gustaría mucho poder corresponder a la persona que se encuentra tras esa voz femenina que se me hace tan familiar. Sin embargo aún no sé si se trata de mi buena amiga Stephany. La aparto cuidadosamente y me giro para mirarla, ¡es ella!
-¡Stephany! , hace tiempo que no sé nada de ti - la miro contentísima y la vuelvo a dar un abrazo rápido y alegre - ¡mi verano de momento va de maravilla y las notas genial!, espero que después tengamos un rato para hablar tranquilamente o quizá podemos quedar un día de estos para tomar algo o ir a dar una vuelta si te apetece- digo realmente alegre de verla después de tanto tiempo.
Stephany y yo siempre nos hemos llevado de maravilla y hemos sido compañeras de pupitre durante muchos años en preescolar. Me da mucha pena pero Noa y ella han tenido más de un problema en el último año y no quiero que Noa se sienta incómoda, por eso quiero zanjar la conversación y verla en otro momento, no me gusta que mi mejor amiga esté viviendo una situación desagradable al estar a mi lado esperando a que termine de hablar con Stephany. No fue realmente nada grave: enfados, discusiones... cosas que suelen pasar entre chicas, pero aún así no se habían vuelto a hablar.
-De acuerdo, te llamaré Claire, me alegro de verte- Stephany mira a Noa y comprende perfectamente que no es el momento adecuado para ponerse a cotillear sobre el verano.
Noa y yo nos dirigimos hacia la pista principal, donde la gente está bailando sin parar. En el camino nos encontramos a varios amigos y charlamos en la medida en la que nuestra voz nos permite respecto al volumen de música que hay. La gente de mi instituto en general es encantadora, todos ellos, aunque a unos los conozca menos que a otros son personas que realmente merecen la pena. Todo el mundo se lleva bien aparentemente, hablan y bailan unos con otros sin importar cuánto se conocen. Bueno, quizá no debería generalizar, esto no es del todo así. Hay ciertas personas que no son tan fáciles de tratar...
Inmediatamente pongo la vista en Giselle y sus amigas, las amigas de Matt. JUnto a ellas veo a Carl, a Jhon y a Eric, todos sentados en los sofás de la entrada, algo alejados de la pista pero lo suficiente para poderlos observar. Yo me fijo especialmente en ella: Giselle, la líder del grupo, la novia de Matt. Ella siempre ha sido realmente guapa y tengo que admitir que hoy está radiante. Se me hace un nudo en la garganta cuando la veo al lado de Matt y me giro para otro lado. Noa y yo empezamos a bailar, perdiéndonos en toda aquella masa de gente que se movía sin parar. Sin darme cuenta me encuentro al lado de Mike, que me saluda con una sonrisa y me dice algo que no oigo muy bien aunque parece ser algo como ''bienvenida''.
Noa y yo seguimos bailando. Ella se acerca a mi oído para decirme algo:
-Acabo de ver a Tom, iré ha hablar con él. ¿Te importa?
-¡Claro que no! - digo aliviada deseando salir yo también un poco de todo ese mogollón.
Tom siempre ha sido el chico de los sueños de Noa, de hecho tuvieron un pequeño romance el verano pasado. Nada que él no haya olvidado, sin embargo en ella ha quedado grabado a fuego.
En cuanto esquivo a unos y empujo a otros logro salir con agilidad. Me voy disparada a donde se sirven las bebidas y cuando ya logro servirme la mía me voy a sentar a los sofás de la entrada, los que están cerca de la puerta de salida, en los que ya no hay nadie porque todo el mundo está bailando. Sí, en los que hace una hora estaban Matt y Giselle. ¿He dicho que ya no había nadie? Pues no era cierto, de pronto veo a Matt venir de lejos, viene de la pista por el ancho pasillo que lleva a la puerta principal, el mismo camino que yo acabo de hacer. Matt se está acercando. Decido dejar mi vaso encima de una mesita que hay junto al sofá por miedo a que con el vaivén de mi muñeca causado por el nerviosismo se me caiga al suelo. Ahora Matt está más cerca y puedo observar que lleva un cigarro en la mano, por lo que deduzco que solo va a salir a fumar. Para salir tiene que pasar cerca de mí, sin embargo no me ve. Yo estoy sentada, diminuta, mirándolo y me siento por un momento invisible. La luz tampoco ayuda mucho a ver con claridad, a no ser que tengas algo de obsesión por alguien como es mi caso con Matt. Él está a punto de abrir la puerta y cruzarla, yo un metro de él sigo sentada, sin dejar de observarlo. Todo sucede muy rápido: se para en seco en el marco de la puerta, se mete el cigarro apagado en la boca y dejando sus manos libres se toca los bolsillos del pantalón buscando algo. ¿Qué busca? Al no hallar nada se gira, y entonces parece que el destino está de mi lado esa noche, me ve. Él se acerca a mi, por primera vez en la historia de mi vida Matt va a dirigirse a mí.
-Perdona, ¿tienes fuego?
Después de luchar contra la oscuridad, un suave foco de luz que entra por un ventanal vence la batalla y descubro su sonrisa. Me está sonriendo. Y aunque a mí misma no pueda verme, por dentro puedo sentirme, y me siento frágil, siento que me voy a romper, pero sin embargo, también me siento más grande que antes, mucho más, hasta el punto de que Matt me está mirando. Sé que los ojos me brillan y con tanta fuerza que hasta con poca luz cualquiera podría percibirlo. Intento disimular, camuflarme en la seriedad para que nadie descubra la ilusión que se escapa de mi mirada y simplemente la dirijo hacia otro lado, hacia abajo.
-Yo, bueno... la verdad es que no fumo - digo algo seca.
-Gracias-. Y entonces se gira, se va, se marcha. Ya no quedan sonrisas y además se está alejando de la luz.
Rápidamente se me vienen a la cabeza las palabras que Mery, una buena amiga de clase me dijo el último día de instituto a la hora del recreo: "Todo empieza con una mirada, y después una conversación y a partir de ahí cualquier cosa podría pasar". Nosotros ya nos hemos mirado, ahora solo necesitamos hablar, y esto que ha pasado no puede llamarse conversación.
-Ahora o nunca Claire - susurro para mí misma.
Y entonces grito un poco:
-¡Oye! había olvidado que es posible que tenga un mechero en el bolso.
Me levanto del sofá, inmóvil, con la respiración algo más acelerada de lo habitual, esperando una respuesta, otra sonrisa u otra mirada. Pero él ya no se gira, quizá está demasiado lejos para escucharme. Tal vez mi oportunidad había pasado. Y como si hubiese perdido la última de las batallas me vuelvo a sentar. Miro mi vaso, ni si quiera mis hielos han conseguido resistirse a su presencia, se han derretido completamente.
-¿Y como alguien que no fuma puede tener un mechero en el bolso? - a voz en grito, unos metros alejado de mí, Matt se ha girado. Su voz fuerte, grave y sexi me perturba. Lo miro y se me escapa una sonrisa. Sonrío porque me ha contestado aunque varios segundos después Y también sonrío porque estamos hablando a gritos y eso le da una pizca humor a todo este sin sentido.Pero claro, nadie puede oírnos, la gente no está demasiado cerca y la música no se lo permitiría.
-¡He dicho que es posible, no que lo tenga! - digo bajando el tono de voz porque él se ha acercado. Hago como que miro el bolso en busca de algo que nunca podría encontrar.
¡Qué estupidez! Matt tiene razón, cómo iba a tener un mechero en el bolso alguien que no fuma... no es posible. Me empiezo a poner más nerviosa aún y no se muy bien que decir. Así que él es el que toma la palabra
-¿Por qué estás sola? ¿no te gusta la fiesta? - pregunta ignorando todo lo del mechero, mucho más cerca de mí.
- Sí, es solo que... Bueno, tú también estás solo ¿a ti no te gusta la fiesta?
-No, no me gusta demasiado. Aún así no has contestado a mi pregunta, ¿por qué estas sola?
-No es que quiera estar sola, pero es que mi mejor amiga ha visto a su.... - hago una pausa. No me apetece nada contarle toda la historia de Noa y decirle que estaba algo mareada con tanta música y el calor que hace ahí dentro.
-Pues entonces sal conmigo.
-¿Qué?
-Que salgas fuera conmigo si no quieres estar sola.
- Ah, claro.
Por un momento la frase "SAL CONMIGO" me había descolocado por completo, durante algunos segundos he tratado de buscarle un doble sentido que por supuesto no existía.
Finalmente, me encuentro con él en la calle. Matt consiguió que un hombre le diera fuego y ahora permanece muy quieto, apoyado sobre una barandilla con su mirada algo perdida en la carretera. Da algunas caladas al cigarrillo y no dice nada. El viento me descoloca un poco el pelo, pero me da igual, yo también me apoyo y miro la carretera. De vez en cuando desvío la mirada hacia él. Ninguno de los dos dice nada, sin embargo para mí ese momento es único, irrevocable, irrepetible y tan soñado que no tendría porque estropearlo con palabras. Al fin y al cabo ¿qué éramos y qué hacíamos allí? él solo estaba fumándose un cigarrillo con una desconocida. Y yo solo estaba tomando el aire con el amor de mi vida.
De repente, noto que ahora es su mirada la que está clavada en mí, yo evito mirarlo, sigo con la mirada recta, hacia el frente. Siento que el aire se ha parado y ya no hay coches a los que mirar. Parece como si el mundo se hubiese parado para nosotros. Ahora somos grandes, somos enormes, únicos. Dentro de mí percibo serenidad y a la vez un cosquilleo que no cesa. Giro la cabeza y echándole valor, le respondo con mi mirada, completamente penetrante, respirando intensamente un aire impregnado de magia.
-Noa Christensen y Claire Weasley.
Me he quedado paralizada, sin poder articular palabra y Noa ha que tenido que decir los nombres por las dos. Matt echa un vistazo a la lista, comprobando que efectivamente nuestros nombres están allí apuntados. Después con el bolígrafo hace una especie de cruz al lado de cada uno. Así podría llevar más fácil el recuentro de los que habían asistido finalmente a la fiesta. Me imagino que Mike le había pedido el favor de que se encargase de vigilar las entradas. En ese momento Matt me mira, yo también lo miro. Por primera vez en mucho tiempo Matt y yo estamos a escasos centímetros y me está correspondiendo visualmente. A continuación mira a Noa. Eso me hace entender que su mirada hacia mí no ha significado nada, solo nos ha mirado a cada una como un portero de discoteca antes de dejar pasar a alguien. Me ha mirado como una persona más en el mundo, como de pasada para después mirar a otro.
-Adelante, podéis pasar - concluye. Y seguidamente mira a los siguientes, sin volverme a mirar una vez más, sin prestarme la menor atención nuevamente. Suspiro para mis adentros y empiezo a barajar la idea de que quizá lo mejor hubiese sido no haber venido.
Mis piernas aún me tiemblan cuando llegamos dentro. La música está alta, pero no me desagrada. La sala está llena de conocidos y Noa y yo nos dedicamos a repartir besos a todo el mundo.
-Claireeeeeeeeeeeeeee - grita alguien detrás de mí que se abalanza dándome un fuerte abrazo- ¿qué tal el verano? ¿cómo te fueron las notas? te he echado de menos...
Me gustaría mucho poder corresponder a la persona que se encuentra tras esa voz femenina que se me hace tan familiar. Sin embargo aún no sé si se trata de mi buena amiga Stephany. La aparto cuidadosamente y me giro para mirarla, ¡es ella!
-¡Stephany! , hace tiempo que no sé nada de ti - la miro contentísima y la vuelvo a dar un abrazo rápido y alegre - ¡mi verano de momento va de maravilla y las notas genial!, espero que después tengamos un rato para hablar tranquilamente o quizá podemos quedar un día de estos para tomar algo o ir a dar una vuelta si te apetece- digo realmente alegre de verla después de tanto tiempo.
Stephany y yo siempre nos hemos llevado de maravilla y hemos sido compañeras de pupitre durante muchos años en preescolar. Me da mucha pena pero Noa y ella han tenido más de un problema en el último año y no quiero que Noa se sienta incómoda, por eso quiero zanjar la conversación y verla en otro momento, no me gusta que mi mejor amiga esté viviendo una situación desagradable al estar a mi lado esperando a que termine de hablar con Stephany. No fue realmente nada grave: enfados, discusiones... cosas que suelen pasar entre chicas, pero aún así no se habían vuelto a hablar.
-De acuerdo, te llamaré Claire, me alegro de verte- Stephany mira a Noa y comprende perfectamente que no es el momento adecuado para ponerse a cotillear sobre el verano.
Noa y yo nos dirigimos hacia la pista principal, donde la gente está bailando sin parar. En el camino nos encontramos a varios amigos y charlamos en la medida en la que nuestra voz nos permite respecto al volumen de música que hay. La gente de mi instituto en general es encantadora, todos ellos, aunque a unos los conozca menos que a otros son personas que realmente merecen la pena. Todo el mundo se lleva bien aparentemente, hablan y bailan unos con otros sin importar cuánto se conocen. Bueno, quizá no debería generalizar, esto no es del todo así. Hay ciertas personas que no son tan fáciles de tratar...
Inmediatamente pongo la vista en Giselle y sus amigas, las amigas de Matt. JUnto a ellas veo a Carl, a Jhon y a Eric, todos sentados en los sofás de la entrada, algo alejados de la pista pero lo suficiente para poderlos observar. Yo me fijo especialmente en ella: Giselle, la líder del grupo, la novia de Matt. Ella siempre ha sido realmente guapa y tengo que admitir que hoy está radiante. Se me hace un nudo en la garganta cuando la veo al lado de Matt y me giro para otro lado. Noa y yo empezamos a bailar, perdiéndonos en toda aquella masa de gente que se movía sin parar. Sin darme cuenta me encuentro al lado de Mike, que me saluda con una sonrisa y me dice algo que no oigo muy bien aunque parece ser algo como ''bienvenida''.
Noa y yo seguimos bailando. Ella se acerca a mi oído para decirme algo:
-Acabo de ver a Tom, iré ha hablar con él. ¿Te importa?
-¡Claro que no! - digo aliviada deseando salir yo también un poco de todo ese mogollón.
Tom siempre ha sido el chico de los sueños de Noa, de hecho tuvieron un pequeño romance el verano pasado. Nada que él no haya olvidado, sin embargo en ella ha quedado grabado a fuego.
En cuanto esquivo a unos y empujo a otros logro salir con agilidad. Me voy disparada a donde se sirven las bebidas y cuando ya logro servirme la mía me voy a sentar a los sofás de la entrada, los que están cerca de la puerta de salida, en los que ya no hay nadie porque todo el mundo está bailando. Sí, en los que hace una hora estaban Matt y Giselle. ¿He dicho que ya no había nadie? Pues no era cierto, de pronto veo a Matt venir de lejos, viene de la pista por el ancho pasillo que lleva a la puerta principal, el mismo camino que yo acabo de hacer. Matt se está acercando. Decido dejar mi vaso encima de una mesita que hay junto al sofá por miedo a que con el vaivén de mi muñeca causado por el nerviosismo se me caiga al suelo. Ahora Matt está más cerca y puedo observar que lleva un cigarro en la mano, por lo que deduzco que solo va a salir a fumar. Para salir tiene que pasar cerca de mí, sin embargo no me ve. Yo estoy sentada, diminuta, mirándolo y me siento por un momento invisible. La luz tampoco ayuda mucho a ver con claridad, a no ser que tengas algo de obsesión por alguien como es mi caso con Matt. Él está a punto de abrir la puerta y cruzarla, yo un metro de él sigo sentada, sin dejar de observarlo. Todo sucede muy rápido: se para en seco en el marco de la puerta, se mete el cigarro apagado en la boca y dejando sus manos libres se toca los bolsillos del pantalón buscando algo. ¿Qué busca? Al no hallar nada se gira, y entonces parece que el destino está de mi lado esa noche, me ve. Él se acerca a mi, por primera vez en la historia de mi vida Matt va a dirigirse a mí.
-Perdona, ¿tienes fuego?
Después de luchar contra la oscuridad, un suave foco de luz que entra por un ventanal vence la batalla y descubro su sonrisa. Me está sonriendo. Y aunque a mí misma no pueda verme, por dentro puedo sentirme, y me siento frágil, siento que me voy a romper, pero sin embargo, también me siento más grande que antes, mucho más, hasta el punto de que Matt me está mirando. Sé que los ojos me brillan y con tanta fuerza que hasta con poca luz cualquiera podría percibirlo. Intento disimular, camuflarme en la seriedad para que nadie descubra la ilusión que se escapa de mi mirada y simplemente la dirijo hacia otro lado, hacia abajo.
-Yo, bueno... la verdad es que no fumo - digo algo seca.
-Gracias-. Y entonces se gira, se va, se marcha. Ya no quedan sonrisas y además se está alejando de la luz.
Rápidamente se me vienen a la cabeza las palabras que Mery, una buena amiga de clase me dijo el último día de instituto a la hora del recreo: "Todo empieza con una mirada, y después una conversación y a partir de ahí cualquier cosa podría pasar". Nosotros ya nos hemos mirado, ahora solo necesitamos hablar, y esto que ha pasado no puede llamarse conversación.
-Ahora o nunca Claire - susurro para mí misma.
Y entonces grito un poco:
-¡Oye! había olvidado que es posible que tenga un mechero en el bolso.
Me levanto del sofá, inmóvil, con la respiración algo más acelerada de lo habitual, esperando una respuesta, otra sonrisa u otra mirada. Pero él ya no se gira, quizá está demasiado lejos para escucharme. Tal vez mi oportunidad había pasado. Y como si hubiese perdido la última de las batallas me vuelvo a sentar. Miro mi vaso, ni si quiera mis hielos han conseguido resistirse a su presencia, se han derretido completamente.
-¿Y como alguien que no fuma puede tener un mechero en el bolso? - a voz en grito, unos metros alejado de mí, Matt se ha girado. Su voz fuerte, grave y sexi me perturba. Lo miro y se me escapa una sonrisa. Sonrío porque me ha contestado aunque varios segundos después Y también sonrío porque estamos hablando a gritos y eso le da una pizca humor a todo este sin sentido.Pero claro, nadie puede oírnos, la gente no está demasiado cerca y la música no se lo permitiría.
-¡He dicho que es posible, no que lo tenga! - digo bajando el tono de voz porque él se ha acercado. Hago como que miro el bolso en busca de algo que nunca podría encontrar.
¡Qué estupidez! Matt tiene razón, cómo iba a tener un mechero en el bolso alguien que no fuma... no es posible. Me empiezo a poner más nerviosa aún y no se muy bien que decir. Así que él es el que toma la palabra
-¿Por qué estás sola? ¿no te gusta la fiesta? - pregunta ignorando todo lo del mechero, mucho más cerca de mí.
- Sí, es solo que... Bueno, tú también estás solo ¿a ti no te gusta la fiesta?
-No, no me gusta demasiado. Aún así no has contestado a mi pregunta, ¿por qué estas sola?
-No es que quiera estar sola, pero es que mi mejor amiga ha visto a su.... - hago una pausa. No me apetece nada contarle toda la historia de Noa y decirle que estaba algo mareada con tanta música y el calor que hace ahí dentro.
-Pues entonces sal conmigo.
-¿Qué?
-Que salgas fuera conmigo si no quieres estar sola.
- Ah, claro.
Por un momento la frase "SAL CONMIGO" me había descolocado por completo, durante algunos segundos he tratado de buscarle un doble sentido que por supuesto no existía.
Finalmente, me encuentro con él en la calle. Matt consiguió que un hombre le diera fuego y ahora permanece muy quieto, apoyado sobre una barandilla con su mirada algo perdida en la carretera. Da algunas caladas al cigarrillo y no dice nada. El viento me descoloca un poco el pelo, pero me da igual, yo también me apoyo y miro la carretera. De vez en cuando desvío la mirada hacia él. Ninguno de los dos dice nada, sin embargo para mí ese momento es único, irrevocable, irrepetible y tan soñado que no tendría porque estropearlo con palabras. Al fin y al cabo ¿qué éramos y qué hacíamos allí? él solo estaba fumándose un cigarrillo con una desconocida. Y yo solo estaba tomando el aire con el amor de mi vida.
De repente, noto que ahora es su mirada la que está clavada en mí, yo evito mirarlo, sigo con la mirada recta, hacia el frente. Siento que el aire se ha parado y ya no hay coches a los que mirar. Parece como si el mundo se hubiese parado para nosotros. Ahora somos grandes, somos enormes, únicos. Dentro de mí percibo serenidad y a la vez un cosquilleo que no cesa. Giro la cabeza y echándole valor, le respondo con mi mirada, completamente penetrante, respirando intensamente un aire impregnado de magia.
jueves, 1 de mayo de 2014
Capítulo 3.
La espuma de la bañera me cubre hasta la barbilla. Saco la mano del agua y me quito un poco el jabón de la cara. Me levanto y comienzo a desenjabonarme con el agua que cae de la ducha. Cada gota va recorriendo todos los rincones de mi cuerpo. Cierro los ojos dejando a mi cuerpo relajarse y sentir el agua tibia, y a mi mente volar a otros lugares alejados de allí. Un millón de imágenes se pasan por mi cabeza, siento un escalofrío en mitad de esos minutos tan agradables y placenteros. A veces, soy dada a pensar en eso de las acorazonadas. En este momento, tengo la sensación de que acabo de sentir que algo va a suceder. ¿Algo bueno? ¿algo malo? ¿ o quizá algo... bueno y a la vez malo? Solo son cosas de mi cabeza, ¿qué va a pasar a parte de ir a una maravillosa fiesta y ver a mi amor platónico de toda la vida? ¡Pues nada! Sonrío en un intento de convencerme a mí misma de que todo va a salir perfecto. Lo único que pienso es que esta noche es la fiesta, mi madre nos va a llevar a Noa y a mí y cuando llegué veré a Matt, que aunque no me saludará, nos veremos, y eso es lo importante. Que una persona sepa que existes es el primer paso ¿no? Me río de mí misma sintiéndome algo inocente.
Me pregunto qué tal me quedará el vestido, típicas inseguridades que le vienen a una cuando queda poco tiempo para el evento. Y... ¿qué voy a hacer con mi pelo? ¿suelto? ¿recogido? ¿mitad suelto mitad recogido? Quizá suelto, así le daré un aire más dulce. Aunque el pelo recogido es más sexy ¿no? Preguntas que nadie me va a responder me asaltan como si se tratara del día de mi boda.
Apago el grifo, cojo la toalla alargando la mano desde dentro de la ducha sin salir de ella, me la coloco alrededor de mi cuerpo y me dispongo a salir, dando un saltito hasta la alfombrilla que hay unos pasos más allá. ¡Oh! Mis píes, tengo que pintarme las uñas también. Vaya, pues sí que se me están amontonando las cosas que hacer. Por primera vez desde que me he comprado los tacones maldigo haber escogido unos que están abiertos por delante. Dejo que la toalla se deslice sobre mi cuerpo hasta llegar a mis pies y caer en el suelo, dejando mi cuerpo desnudo. Cojo la crema hidratante y la extiendo por mis piernas, miro al espejo empañado y escribo un nombre en él, un nombre que ya os podréis imaginar. En cada letra puedo ver mi figura reflejada, veo mi cuerpo y como si se tratase de una persona desconocida para mí, limpio el espejo con la mano, borrando el nombre que había escrito para observarme mejor. Me doy cuenta de mi madre tiene razón, desde luego ya no soy una niña. O al menos la chica que hay en el espejo desde luego no lo es. Haciendo caso omiso de mi observación me pongo algo de ropa. Busco en mi neceser de pintauñas mi favorito y me coloreo cuidadosamente las uñas de los pies. Me seco un poco el pelo y cojo las tenacillas que me compré con Noa. Miro el reloj.
-No puede ser, he quedado con Noa en el quiosco en 15 minutos- grito para mí misma.
Cojo los zapatos y me los pongo, me miro de arriba abajo en el espejo, utilizo rimel para las pestañas, un poco de colorete y una pizca de gloss de labios. El resultado final es bastante natural y eso me encanta. Sonrío satisfecha de mi misma y voy al salón donde papá y mamá están recostados sobre el sofá viendo la televisión. Mi madre, medio tumbada con la cabeza apoyada sobre el pecho mi padre y mi padre sentado, con cara de estar medio dormido. Ambos se dan cuenta de mi presencia, mi padre primero. Él me mira y no dice nada aunque parece que quiere hacerlo. Es mi madre la que toma la palabra.
-Estás preciosa cariño, cada día estás más mayor - dice mi madre mientras me observa de arriba abajo sonriendo. Sin embargo, hay algo en su sonrisa que no me termina de gustar. Creo que es una sonrisa de esas que ponen las madres cuando ven que su hijo se hace mayor y se alegran pero les parece que el tiempo se escapa de sus manos sin poder detenerlo.
Me dan ganas de abrazarla y decirle: " Mamá te quiero, no me has perdido, seguiré dejando que cuides de mí", esa parte me la reservo pero si que le doy un fuerte abrazo. Mi padre se levanta del sofá y nos abraza también.
-Estás echa una mujercita - ríe mi padre, abrazándonos.
En ese momento lo veo claro. Somos una familia, estamos unidos, nos queremos y eso es lo mejor que alguien puede tener en la vida. Esta es de esas situaciones de la vida en las que te da por pensar sobre la suerte que uno tiene y lo poco que se puede valorar a veces. Quizá que tu padre esté a un lado y tu madre a otro achuchándote exageradamente como para que no te escapes ayuda a que uno reaccione y se de cuenta de lo importante que es la familia.
Vamos en el coche mi madre, Noa y yo. Ella va preciosa, lleva el vestido azul que se compró el día anterior, y lleva el pelo suelto, al natural, mostrando su pelo rizado al mundo. Noa me mira y me sonríe, una sonrisa cómplice en la que me está trasmitiendo sus ganas de llegar. No necesitamos palabras. De pronto, sin imaginar que llegaríamos tan rápido, el coche se para.
-Hemos llegado- dice mi madre mirándonos-. Portaos bien chicas, no quiero problemas - añade.
-Tranquila mamá , seremos buenas- digo saliendo del coche con nerviosismo-. Te quiero.
-Yo también te quiero cielo-. Mi madre pone otra vez el coche en marcha-. A las doce y media pasaré a buscarte - grita por la ventanilla del coche una vez que Noa y yo nos hemos alejado.
Noa suspira y me observa. No hay nadie que me conozca mejor que ella y por eso sabe perfectamente que estoy muy nerviosa. Dejo de mirar al suelo, levanto bien alto la cabeza sonriendo inevitablemente y me dirijo hacia la puerta de la casa que está a unos metros de donde nos encontramos.
Sin poder creerlo intento fijarme un poco más. Él está allí, a unos pasos por delante de nosotras. Radiante. Lo sigo mirando, él no nos ve, permanece en la puerta de entrada, ocupándose de la entrada de la gente a la fiesta ¡Oh, Dios! Él es el que se ocupa de las entradas, de dejar entrar a unos y a otros, eso solo quiere decir una cosa: Noa y yo tenemos que hablar con él si o sí. Mi amiga ya se ha percatado de todo eso.
Noa y yo nos acercamos, poco a poco. Estamos cerca, muy cerca, demasiado cerca. Las piernas me tiemblan ligeramente. Trago saliva y avanzo hasta donde él está.
Me pregunto qué tal me quedará el vestido, típicas inseguridades que le vienen a una cuando queda poco tiempo para el evento. Y... ¿qué voy a hacer con mi pelo? ¿suelto? ¿recogido? ¿mitad suelto mitad recogido? Quizá suelto, así le daré un aire más dulce. Aunque el pelo recogido es más sexy ¿no? Preguntas que nadie me va a responder me asaltan como si se tratara del día de mi boda.
Apago el grifo, cojo la toalla alargando la mano desde dentro de la ducha sin salir de ella, me la coloco alrededor de mi cuerpo y me dispongo a salir, dando un saltito hasta la alfombrilla que hay unos pasos más allá. ¡Oh! Mis píes, tengo que pintarme las uñas también. Vaya, pues sí que se me están amontonando las cosas que hacer. Por primera vez desde que me he comprado los tacones maldigo haber escogido unos que están abiertos por delante. Dejo que la toalla se deslice sobre mi cuerpo hasta llegar a mis pies y caer en el suelo, dejando mi cuerpo desnudo. Cojo la crema hidratante y la extiendo por mis piernas, miro al espejo empañado y escribo un nombre en él, un nombre que ya os podréis imaginar. En cada letra puedo ver mi figura reflejada, veo mi cuerpo y como si se tratase de una persona desconocida para mí, limpio el espejo con la mano, borrando el nombre que había escrito para observarme mejor. Me doy cuenta de mi madre tiene razón, desde luego ya no soy una niña. O al menos la chica que hay en el espejo desde luego no lo es. Haciendo caso omiso de mi observación me pongo algo de ropa. Busco en mi neceser de pintauñas mi favorito y me coloreo cuidadosamente las uñas de los pies. Me seco un poco el pelo y cojo las tenacillas que me compré con Noa. Miro el reloj.
-No puede ser, he quedado con Noa en el quiosco en 15 minutos- grito para mí misma.
Cojo los zapatos y me los pongo, me miro de arriba abajo en el espejo, utilizo rimel para las pestañas, un poco de colorete y una pizca de gloss de labios. El resultado final es bastante natural y eso me encanta. Sonrío satisfecha de mi misma y voy al salón donde papá y mamá están recostados sobre el sofá viendo la televisión. Mi madre, medio tumbada con la cabeza apoyada sobre el pecho mi padre y mi padre sentado, con cara de estar medio dormido. Ambos se dan cuenta de mi presencia, mi padre primero. Él me mira y no dice nada aunque parece que quiere hacerlo. Es mi madre la que toma la palabra.
-Estás preciosa cariño, cada día estás más mayor - dice mi madre mientras me observa de arriba abajo sonriendo. Sin embargo, hay algo en su sonrisa que no me termina de gustar. Creo que es una sonrisa de esas que ponen las madres cuando ven que su hijo se hace mayor y se alegran pero les parece que el tiempo se escapa de sus manos sin poder detenerlo.
Me dan ganas de abrazarla y decirle: " Mamá te quiero, no me has perdido, seguiré dejando que cuides de mí", esa parte me la reservo pero si que le doy un fuerte abrazo. Mi padre se levanta del sofá y nos abraza también.
-Estás echa una mujercita - ríe mi padre, abrazándonos.
En ese momento lo veo claro. Somos una familia, estamos unidos, nos queremos y eso es lo mejor que alguien puede tener en la vida. Esta es de esas situaciones de la vida en las que te da por pensar sobre la suerte que uno tiene y lo poco que se puede valorar a veces. Quizá que tu padre esté a un lado y tu madre a otro achuchándote exageradamente como para que no te escapes ayuda a que uno reaccione y se de cuenta de lo importante que es la familia.
Vamos en el coche mi madre, Noa y yo. Ella va preciosa, lleva el vestido azul que se compró el día anterior, y lleva el pelo suelto, al natural, mostrando su pelo rizado al mundo. Noa me mira y me sonríe, una sonrisa cómplice en la que me está trasmitiendo sus ganas de llegar. No necesitamos palabras. De pronto, sin imaginar que llegaríamos tan rápido, el coche se para.
-Hemos llegado- dice mi madre mirándonos-. Portaos bien chicas, no quiero problemas - añade.
-Tranquila mamá , seremos buenas- digo saliendo del coche con nerviosismo-. Te quiero.
-Yo también te quiero cielo-. Mi madre pone otra vez el coche en marcha-. A las doce y media pasaré a buscarte - grita por la ventanilla del coche una vez que Noa y yo nos hemos alejado.
Noa suspira y me observa. No hay nadie que me conozca mejor que ella y por eso sabe perfectamente que estoy muy nerviosa. Dejo de mirar al suelo, levanto bien alto la cabeza sonriendo inevitablemente y me dirijo hacia la puerta de la casa que está a unos metros de donde nos encontramos.
Sin poder creerlo intento fijarme un poco más. Él está allí, a unos pasos por delante de nosotras. Radiante. Lo sigo mirando, él no nos ve, permanece en la puerta de entrada, ocupándose de la entrada de la gente a la fiesta ¡Oh, Dios! Él es el que se ocupa de las entradas, de dejar entrar a unos y a otros, eso solo quiere decir una cosa: Noa y yo tenemos que hablar con él si o sí. Mi amiga ya se ha percatado de todo eso.
Noa y yo nos acercamos, poco a poco. Estamos cerca, muy cerca, demasiado cerca. Las piernas me tiemblan ligeramente. Trago saliva y avanzo hasta donde él está.
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