jueves, 17 de abril de 2014

Capítulo 2.

No os lo vais a creer, ¿sabéis a donde voy? al centro de la cuidad, un lugar lleno de tiendas. Sí,  una tienda tras otra. Vestidos, zapatos, joyas, maquillaje, el paraíso de una chica.
A Noa le pareció estupenda la idea de la fiesta, tal y como pensaba... ¡Se volvió loca de contenta! Noa es muy fiestera, no cabía duda que iba a ser una grata sorpresa para ella a pesar de no haber contando con su opinión a la hora de decirle a Mike que iríamos a su fiesta. Las dos estamos tan emocionadas, que aquí estamos: camino al centro para comprarnos el vestido perfecto para la ocasión. Intuyo que será una gran fiesta. Y aunque por supuesto, no se lo haya dicho a Noa, en mi cabeza no deja de rondar una y otra vez el mismo pensamiento: mañana veré a Matt. Y esta es mi verdadera oportunidad. Ahora o nunca.

Sentada en el autobús continúo mirando por la ventana. Es cierto que las vistas no son un gran paisaje, un lago y un montón de flores, pero quizá lo que se ve es casi mejor que eso. Realmente me hace feliz el hecho de ver a la gente feliz. Desde el autobús observo  a la gente caminar de un lado a otro, algunos con un helado, parejas de novios, parejas de amigas, personas riendo, algunos hablando por teléfono, otros caminando con prisa... gente feliz con cosas que hacer una mañana cualquiera en la ciudad. Quizá mi positivismo en cuanto a la vida está marcado por la idea de que mañana asistiré a una gran fiesta. De pronto, la música que estoy escuchando se escucha más baja, alguien me da un desagradable tirón del casco que llevo en la oreja izquierda. Es Noa.
 -¡Claire! ¿Qué estás mirando? Esta es nuestra parada, venga...-dice mi mejor amiga alzando la voz.
  Por su cara intuyo que lleva un rato llamándome la atención y yo ni si quiera me había dado cuenta. Me pasa bastante a menudo. Me distraigo, desconecto y no me voy cuenta de dónde estoy ni con quién.
 -Perdona - digo con mala cara mientras voy hacia la puerta del autobús para salir.
 -Perdonada - responde Noa felizmente.
  La verdad es que es Noa es un encanto aunque a veces lo disimulaba bastante mal. Cuando está feliz no hay nada que le haga enfadar.

Bajamos del autobús y me pongo las gafas de sol que me trajo mi padre de su último viaje. Me coloco un poco el pelo suelto y algo despeinado por culpa de nuestro entusiasmo por venir de compras esta mañana. A penas había tenido tiempo para asearme. Noa en cambio luce su melena  rubia recogida en un moño, algunos bucles sobresalen alrededor del adorno que lleva para sostenerlo. Siempre he envidiado el pelo de Noa, era un pelo realmente bonito, y más con esa forma que adoptaba naturalmente después de ducharse.
-¿Qué tal si vamos a esa tienda? parece preciosa y además... -digo de repente. Parpadeo tres veces seguidas, ¿pero dónde está Noa? 
  Me doy la vuelta y compruebo que Noa tampoco está detrás. ¡Otra vez me he vuelto a distraer y he seguido andando yo sola! ¿pero cómo es posible? Miro hacia todos los lados, buscando a mi mejor amiga. 
  -¡Noa! - grito quitándome las gafas de sol para ver si la veo mejor.

De pronto alguien se abalanza cariñosamente por detrás hacia mi, sobre mis hombros. Es ella, puedo notar el perfume que siempre lleva, el de fresas y coco, el que yo misma la regalé por su quinceavo cumpleaños. Volteo la cabeza, y allí está, tal y como había imaginado.
 -Perdona haber desaparecido, pero es que desde aquí vi una tienda impresionante y necesitaba ver como se llamaba para que fuésemos después. Parece increíble. Creo que esa es nuestra tienda...No te lo tomes a mal pero es que como te habías adelantado y estabas andando a tu bola pues pensé que no te darías ni cuenta - Noa se ríe.

Decido que quiero ir a ver esa tienda tan increíble de la que mi amiga no ha dejado de hablar y cuando estamos allí nos ponemos como locas cada una por su lado a mirar vestidos y más vestidos. Noa y yo nos pasamos horas en aquella tienda. Efectivamente, no es una rienda normal, es muy grande, tiene tres plantas y la última solo para tacones. Los vestidos están ordenados por colores y hay de todas las gamas. Nunca recuerdo haber visto algo igual. Cojo cuatro vestidos, y mientras me miro en el espejo me voy colocando cada uno sobre la ropa como si me lo pusiese de verdad, para hacerme una idea imaginaria de como me quedaría. Lo mejor de la tienda es que no es demasiado cara y mamá me ha dado suficiente dinero como para compararme un vestido y unos tacones.

Después de haber elegido los vestidos que más me gustan y habérmelos probado dentro del probador, salgo. Dispuesta a llevarme uno. Noa, no utilizó la misma táctica que yo. Ella se enamoró de un vestido nada más verlo y por eso ahora está asesorándome a mí. Su vestido es alucinante, de color azul cielo, con unos tirantes muy finos, algo de vuelo, y  unos botones de color dorado que daban toda la elegancia al vestido. He de reconocer que Noa está increíble. En cuanto al mío, ella también parece estar de acuerdo en mi decisión. Es rosa  fucsia, pero no  demasiado vistoso, de palabra de honor y la parte del pecho se recoge en un lazo, tenía dos volantes que le daban al vestido un estilo más casual. Sinceramente me veo bien con él, y además Noa dice que me queda muy bien, y si ella lo dice, dado la grandísima sinceridad que siempre lleva encima, tiene que ser cierto. Lo próximo fueron los zapatos, cada una nos decantamos por el mismo estilo de tacones. Creo que no podíamos haber elegido unos mejores de acuerdo a nuestro vestido.

Finalmente, Noa y yo nos disponemos a coger el autobús de vuelta. Cargadas de bolsas porque nos hemos parado a comprar  un bolso, unas pulseras, algo de maquillaje y unas tenacillas de pelo para hacer bucles. Estas obviamente son para mí, que soy la que tengo el pelo liso como una tabla.

Llegamos a casa, eufóricas, viéndolo todo una y otra vez, probándonos cada cosa de nuevo. Estamos realmente ansiosas por la fiesta, y eso puede verse a kilómetros.


2 comentarios:

  1. Estoy leyéndolo con la misma ilusión que la primera vez, ajaj :)

    http://www.locurasdemidiaadia.blogspot.com.es

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  2. Jajajaja, muchísimas gracias, mi primer comentario. Yo lo estoy reescribiendo con la misma ilusión. Ahora mismo me meto en tu blog.

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